El teléfono no para de sonar. Tiene línea directa con la Casa Rosada como también con la conducción del Partido Justicialista. Juega en ambos lados; institucional como políticamente. Pero algunos de sus pares peronistas ya lo miran con cierta desconfianza. Juan Manzur viaja tan seguido a Buenos Aires como también utiliza su celular para comunicarse con el poder. A él las tarifas telefónicas no le preocupan tanto como las facturas políticas o electorales que puede llegar a pagar si no se modifica el escenario económico en los próximos meses.

El gobernador tucumano no habla directamente con Mauricio Macri, pero el jefe de Estado del país no lo descuida. Les ordena a sus colaboradores seguirlo de cerca. Al fin y al cabo, la Casa Rosada lo sigue considerando como uno de los aliados estratégicos de la corta pero accidentada gestión federal de ocho meses. Hay quienes sostienen que Manzur estuvo muy pendiente de evitar la interpelación del ministro de Energía de la Nación, Juan José Aranguren, en el Congreso. “Necesitamos tu ayuda”, cuentan que le dijo un hombre de la segunda línea macrista al mandatario provincial. Éste le respondió del mismo modo que lo hizo al día siguiente y en público. “Si hay incrementos, estos no deben ser iguales para todos”, expresó Manzur. Claro que en privado lanzó otras frases como, por ejemplo, “deben ser más prolijos” o “no se expongan tanto a los errores”.

Manzur juega para Macri. Sostiene que ese es su deber institucional.

El gobernador está convencido de que el Presidente le responde, como cuando instruyó a su gabinete para que acompañe a gestionar el reingreso del limón al mercado estadounidense o cuando dio la orden de que avancen las obras en el aeropuerto Benjamín Matienzo para convertirlo en la estación aérea de carga más importante del interior del país. Y hoy el gobernador hará gestiones para que la frutilla tucumana capte más mercados. En este sentido, hay productores que le ponen un toque de alerta. Señalan que el Gobierno nacional ha promovido la importación de la fruta de países cercanos y lejanos y que este hecho puede ir en detrimento no sólo de las economías regionales, sino también del empleo regional. Más allá que la tasa de desocupación haya observado, desde las estadísticas, un leve descenso, el mercado no está para tirar manteca al techo; no se generan nuevos puestos y la informalidad sigue siendo la reina en el mundo laboral de la provincia (47% de los asalariados están en negro).

Manzur no sólo mira hacia Estados Unidos; también lo hace hacia China. Está gestionando un financiamiento multimillonario para encarar obras de infraestructura de gran porte. Claro que, para que eso sea posible, necesariamente requerirá del aval del Ministerio de Hacienda y Finanzas que conduce Alfonso Prat-Gay. No se prevén novedades para el corto plazo. Si el dinero chino llegara a desembolsarse sería después de las elecciones de medio turno. Con suerte.

Manzur mide a Macri

En Tucumán, el gobernador sigue de cerca el pulso social de las encuestas cualitativas. Esas que dicen que el Presidente está agotando rápidamente el crédito social porque las expectativas de la sociedad respecto del rumbo económico argentino son inciertas.

Más allá del difícil contexto nacional, Manzur estrechará filas con Macri.

“Vamos a ayudar; no somos locos”, cuentan que el gobernador mandó a decir al jefe de Estado nacional a través de uno de los interlocutores de la Rosada.

Manzur está presente en esos despachos de poder; pero se ausenta de las deliberaciones que, por estos días, tendrá la cúpula justicialista en Buenos Aires. Aduce razones de agenda o compromisos en Tucumán. Mide los tiempos; considera que no es momento para alentar olas frente a la violenta tormenta que se desató en los últimos días.

Manzur no es Macri, pero -en política- siempre hay matices tanto para parecerse como para diferenciarse. Hay gestos que dicen mucho más que las palabras. El gobernador tiene la costumbre de callar cuando se le consulta sobre un tema espinoso o polémico. Sus gestos dicen más que las declaraciones.